sábado, 26 de julio de 2014





Bárbara tenía nombre de amante despechada, mirada de primera vez y de última oportunidad. Apenas acababa de llegar a aquel pequeño apartamento y ya sentía que había sido su lugar en el mundo desde hacía demasiado tiempo. Tal vez porque ese tiempo le perseguía, desde que tenia memoria, con ansia predadora.

Bárbara nunca supo soñar, era curioso, nadie se había tomado nunca la dedicación o el amor necesario para enseñarle a hacerlo.  Recordaba haber aprendido, guiada, a caminar, pensar, vivir, sobrevivir, matar o morir, pero por mucho que se esforzaba no había ni el más mínimo indicio de que alguien le hubiera enseñado a soñar.

Hacía poco tiempo, él, ante ese comentario, mientras el pequeño ventilador del techo secaba el sudor de ambos removiendo el aire viciado de sexo y humo, se levantó de la cama lentamente, abrió la ventana que daba a aquel patio interior y le dijo "¡Soñar, es esto! ". Entró una bocanada de aire y luz. ..y ella no pudo contener las lagrimas de pura aceptación.

Sobre la cama, la maleta semivacía. Imposible, para cualquier observador, averiguar si era un alegre equipaje de ida o uno triste de vuelta. Un traje, una muda de ropa interior, tres libros, una libreta y un lápiz. Casi inconscientemente se acercó a la ventana y la abrió. Un instante de tregua en el que anegar, en silencio, su recién descubierto miedo.  Sencillamente se sentó, a disfrutar de su último sueño.



#UNUSPRIMUS.


2 comentarios:

  1. Joder Ulises. Me ha golpeado fuerte.
    Tenía una libreta, así que seguramente sí sabía soñar, aunque tal vez no era consciente de ello. A veces sabemos hacer cosas que ni imaginamos.
    Ojalá soñar un rato. Ojalá.

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  2. A soñar no siempre se aprende solo y mientras más pasa la ida más cuesta aprender la lección, a veces el sueño jamás vuela y en otras solo atrapa como un vaso aúna mariposa.

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