Sabes al dolor de la partida,
cuando no vamos a ir a ningún lado.
Palma con palma
nuestras manos, empecinadas en no soltarse,
son corazones valientes, surcados de cicatrices
que se reconocen allí, donde todo acaba.
Mientras, el agua de tu mirada turbia
empapa de sudor y de placer mi brújula.
Me pierdo de nuevo
ni norte
ni sur
Tú.
Te sigo entre la bruma de quien recién se
despierta
con imprudencia adolescente,
sin recuerdo
ni equipaje,
mientras, ese grito almacenado en la memoria
de mis besos en lenta espera,
te pierde
al otro lado de la noche
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