Soy, esa manera tonta de perder el tiempo. Soy, una caída más o menos tampoco importa. Soy como ese escritor que basa su éxito en no escribir. La vuelta de tuerca, justo esa, que pasa la rosca del tornillo, soy la promesa rota, esa que se olvida, se perdona y ni siquiera tiene historia.
Soy el golpe contra el suelo delante de un montón de extraños, la lágrima mejor llorada, la segunda oportunidad que nunca pidió nadie, o la tercera. Soy una de esas palabras que se lleva el viento una noche de San Juan, recuerdos perdidos en una mente senil que nunca recuerda donde pone las cosas.
Soy ese trozo de mar atrapado en un charquito que no sabe encontrar el camino de vuelta, soy nosotros sin ti, soy la vuelta de la esquina de cualquier barrio de cualquier ciudad, el chico gordo y con granos que tiembla ante la sola idea de volver al colegio.
Soy la primera vez y la última al mismo tiempo, esa pequeña porción del mundo que nadie mataría por salvar, la locura sincera y pura de un grafitero que decora muros con tiza, soy el eterno “te lo advertí pero no me escuchas”.
Soy tantas cosas y tan absurdas que a veces lo olvido sin querer y otras, queriendo. Y aunque creas que en este preciso instante me estoy autocompadeciendo, no te engañes. Soy, lo sé y lo siento. Me reconozco en cada una de mis esquinas, en cada vez que pido perdón, en cada huella de cada paso que me ha traído hasta aquí y en cada deseo que no se cumple, ni se cumplirá. Y eso, lo creas o no, ha sido suficiente motivo para invertir toda mi vida. Aprender que soy, sin más atributo que mi sonrisa huidiza y tristona. Y esa forma tan mía de mirar al mar, como si la respuesta a todo alguien la hubiera escondido dentro de una botella que flota por algún lugar, esperando ser encontrada.
...gracias, por volcar tu soy.
ResponderEliminarAbrazo eterno.