Espero con la luz apagada
el momento preciso de tu tenso cuerpo,
anidan pájaros verdes y azules en tu vientre,
roen tus huesos miles de animales sedientos de vida,
aún así, te desperezas en gesto maternal.
Tus manos son raíces
que dan vida a mis pies,
tu silencio, desolación
tu lentitud, marea.
En ese nosotros brutal, nada es lo que parece,
sólo tú.
Te espero en silencio
con la luz apagada,
la puerta abierta
y mis manos, deshabitadas.
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