Teléfono,
emociones que cortan la carne
con hojas oxidadas.
Esa ola que al retirarse
se llena
inevitablemente de pasado.
Manos,
despedidas.
Éramos cuatro
pero aquella noche
fuimos ocho,
entre personas y sombras.
Manos,
sangre y hueso
blancos, como gasas
agitadas al viento.
Soledad
de pequeñas manos
que conocía como las mías
y las tuyas,
esas
que una vez
sentí
y creí que sería,
para siempre.
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