miércoles, 2 de octubre de 2013

Ocho.



Teléfono,

emociones que cortan la carne
con hojas oxidadas.
Esa ola que al retirarse
se llena
inevitablemente de pasado.
Manos,
despedidas.
Éramos cuatro
pero aquella noche
fuimos ocho,
entre personas y sombras.
Manos,
sangre y hueso
blancos, como gasas
agitadas al viento.
Soledad
de pequeñas manos
que conocía como las mías
y las tuyas,
esas
que una vez
sentí
y creí que sería,
para siempre.
 
 
 


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