martes, 1 de octubre de 2013

XXIII





Te acompaño
pues conozco el dolor de los cristales rotos
y también el cansancio del deber.
Pero también conozco la puerta del desapego
y el mundo del otro lado
sin cadena y sin dolor.
La cadena es nuestro deseo
y de la copa rota…
si bebimos completo su licor
por qué lamentarlo?
Y si no pudimos degustarlo
por qué llorar sobre lo que no fue?.
Salgamos a cortar cabezas y a violar nuestra inocencia
pero dejemos atrás lo que no fue
y caigamos amando lo que somos.
 
 
 

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